28 de diciembre de 2024
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Lucarnas, nieve y caos: por qué la arquitectura patagónica necesita una actualización
Durante años, el paisaje patagónico se llenó de techos imposibles, lucarnas ornamentales y estructuras pensadas más para resistir que para habitar.
Durante años, el paisaje patagónico se llenó de techos imposibles, lucarnas ornamentales y estructuras pensadas más para resistir que para habitar.
Durante años, el paisaje patagónico se llenó de techos imposibles, lucarnas ornamentales y estructuras pensadas más para resistir que para habitar.
Y aunque todo eso tiene su encanto, también tiene su precio: filtraciones, sobrecostos, y una estética que muchas veces responde más a la costumbre que a la lógica.
“Siempre se hizo así”, repiten muchos constructores y arquitectos del sur.
Pero en Fracción creemos que hacer arquitectura no es repetir fórmulas, sino adaptarlas.
Porque el clima cambió, los materiales cambiaron, y sobre todo, cambió la forma de vivir.
Hoy los hogares no son solo refugios del frío. Son espacios donde se trabaja, se comparte y se busca bienestar sin complicaciones.
Por eso, seguir diseñando como hace 40 años —con techos empinados, estructuras de madera sobredimensionadas y lucarnas por inercia— ya no tiene sentido.
En Fracción preferimos simplificar sin restar identidad.
Apostamos por techos planos o de pendiente mínima, que reducen costos, aceleran los tiempos y resisten igual (o mejor) que los antiguos sistemas.
Usamos materiales nobles —ladrillo, chapa, madera— no por moda, sino por coherencia: porque funcionan, se consiguen, y envejecen bien.
La estética patagónica puede evolucionar sin perder su esencia.
Puede ser contemporánea, eficiente y cálida al mismo tiempo.
Podemos seguir mirando la montaña desde una ventana grande y limpia, sin tener que mantener techos imposibles o rincones donde la nieve se acumula y los costos se disparan.
Actualizar la arquitectura del sur no es borrar su historia: es darle futuro.
Es entender que cada vivienda tiene que responder al lugar, no rendirle culto a la nostalgia.
Porque al final, lo que más define al sur no son sus techos, sino su gente.
Personas que quieren vivir bien, con abrigo, sin miedo al invierno… y con una casa que acompañe ese deseo.
El sur no necesita más lucarnas.
Necesita hogares pensados con los pies en la tierra y la mirada en el futuro.
Durante años, el paisaje patagónico se llenó de techos imposibles, lucarnas ornamentales y estructuras pensadas más para resistir que para habitar.
Y aunque todo eso tiene su encanto, también tiene su precio: filtraciones, sobrecostos, y una estética que muchas veces responde más a la costumbre que a la lógica.
“Siempre se hizo así”, repiten muchos constructores y arquitectos del sur.
Pero en Fracción creemos que hacer arquitectura no es repetir fórmulas, sino adaptarlas.
Porque el clima cambió, los materiales cambiaron, y sobre todo, cambió la forma de vivir.
Hoy los hogares no son solo refugios del frío. Son espacios donde se trabaja, se comparte y se busca bienestar sin complicaciones.
Por eso, seguir diseñando como hace 40 años —con techos empinados, estructuras de madera sobredimensionadas y lucarnas por inercia— ya no tiene sentido.
En Fracción preferimos simplificar sin restar identidad.
Apostamos por techos planos o de pendiente mínima, que reducen costos, aceleran los tiempos y resisten igual (o mejor) que los antiguos sistemas.
Usamos materiales nobles —ladrillo, chapa, madera— no por moda, sino por coherencia: porque funcionan, se consiguen, y envejecen bien.
La estética patagónica puede evolucionar sin perder su esencia.
Puede ser contemporánea, eficiente y cálida al mismo tiempo.
Podemos seguir mirando la montaña desde una ventana grande y limpia, sin tener que mantener techos imposibles o rincones donde la nieve se acumula y los costos se disparan.
Actualizar la arquitectura del sur no es borrar su historia: es darle futuro.
Es entender que cada vivienda tiene que responder al lugar, no rendirle culto a la nostalgia.
Porque al final, lo que más define al sur no son sus techos, sino su gente.
Personas que quieren vivir bien, con abrigo, sin miedo al invierno… y con una casa que acompañe ese deseo.
El sur no necesita más lucarnas.
Necesita hogares pensados con los pies en la tierra y la mirada en el futuro.







